lunes, 17 de noviembre de 2008

Posibles soluciones al problema (parte I)

La población mundial no sería un problema si hubiera tierra ilimitada, agua ilimitada, recursos ilimitados. Desafortunadamente, con la sobrepoblación se presenta el problema de tener que compartir "el mismo pastel" en porciones más y más pequeñas. Las personas de países desarrollados que se han acostumbrado a una mejor calidad de vida son reacias a renunciar a ésta. En muchos casos, el uso de recursos más eficiente viene acompañado con una mejor calidad de vida. Pero aún hay problemas de sobreconsumo, explotación, el querer tener una mejor calidad de vida a como dé lugar, y la codicia de compañías e individuos al escatimar en costos, que dan como resultado contaminación y un uso imprudente de materiales crudos. Los países menos desarrollados en el pasado tenían poblaciones más pequeñas, así que la agricultura de "roza, tumba y quema" tenía menor impacto, las ciudades tenían menos vehículos contaminando el aire, y a las industrias no les atraía tanto el trabajo barato y así contaminaban los ríos y el aire menos.

Éste es un tema difícil. ¿Debería la gente tener menos hijos, o usar menos recursos, contaminar menos? ¿O ambos? ¿Debería darse prioridad a uno de estos problemas? La población mundial se ha duplicado en los últimos cuarenta años. ¿Quién ha contribuido más al sobre-consumo y la contaminación? ¿Las naciones más desarrolladas con un crecimiento poblacional relativamente estable, pero que usan entre 5 y 50 veces más los recursos que los pobres, o las naciones menos desarrolladas, cuyas poblaciones se duplicarán de nuevo en 30 años, que se quedarán sin comida y agua antes, y generan contaminación debido a la agricultura de tumba y quema, quema de carbón, falta de control de emisiones, mal empleo de pesticidas, y desechos tóxicos de industrias mal reguladas, que sólo empeoran con el crecimiento de la población?


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Y luego está la pregunta de la propiedad y distribución de los recursos, ¿explotan los ricos a los pobres? ¿hasta qué grado?

Hay un balance delicado aquí: queremos que los países pobres mejoren su situación económica y mejoren la calidad de vida de las familias. Se sabe que esto reduce la tasa de natalidad. Pero también queremos que los países ricos consuman menos, tal vez reduciendo la calidad de vida. Necesitamos balancear la calidad de vida de los países desarrollados y en desarrollo.
 

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